Dialogando con el mar
Y aquí me hallo, como quien viene a conversar con el mar en hora callada, entre colinas que susurran memorias viejas y un horizonte humedecido por el temblor del agua. Camino ensimismada por la orilla dorada, sin saber si estas ondas son lo que buscan mi desvelo, o si es más bien el eco de mi propio latido el que juega con la espuma, esa que nunca elige dónde morir. Me parece que las nubes, en su apacible deriva, guardan el secreto de los sueños no dichos. Oh, qué sencillo es fundirse con el paisaje cuando el corazón anda despacio y el alma se deja ser orilla. Las promesas del día y el misterio de la penumbra comparten aquí, en este instante, su quieta verdad: el mar dialoga en susurros y la tierra, con su verde y su ocre, responde en silencios. Y uno se pregunta si acaso la nostalgia ha tenido siempre esta forma, como de ola lenta que roza la memoria y regresa al azul para nunca despedirse. Contemplo, el abrazo donde mar y tierra se confunden y, por un momento, todo destino pare...