El umbral de la esperanza
Entre mares y silencios, dos poetas descubrieron que la distancia no existe cuando el alma escribe. Ella, mariposa de luz, dejaba caer en cada línea el rocío de sus sueños; él, con voz de viento sereno, respondía con versos capaces de encender auroras. No se conocían con la piel, pero sí con la palabra. Desde lugares distintos del mundo, comprendieron que la poesía es un puente invisible, tejido con emociones, donde dos corazones pueden encontrarse sin cruzar jamás sus miradas. Entre las horas calladas de la madrugada, sus letras viajaban como aves sin rumbo fijo, buscando el calor de una respuesta o el consuelo de un eco. Ella revoloteaba entre metáforas, sembrando esperanza en cada poema que lanzaba al aire. Sentía que cada palabra era una ofrenda, un fragmento de su alma liberado en forma de verso. Él aguardaba el instante en que esas gotas de rocío tocaran su corazón, y al sentirlas, una serenidad luminosa lo envolvía: la certeza de no estar solo. Con el paso de los días, los ...