Con la fragilidad de un suspiro
Dicen que los sueños nacen donde la realidad se sienta a descansar. En ese territorio suspendido entre la vigilia y el deseo, donde las sombras bailan con la esperanza, los sueños se abren como alas invisibles. No tienen forma ni frontera, pero sostienen mundos enteros con la fragilidad de un suspiro.
Cada sueño lleva dentro una chispa antigua, una semilla que conoce el idioma del alma. A veces florece en silencio, sin pedir permiso, y otras veces ruge como tormenta, recordando que el mañana se construye con las manos del que se atreve a imaginarlo.
Hay quienes los olvidan al despertar, y quienes los guardan como mapas secretos, sabiendo que allí, en su misterio, vibra el pulso de la creación. Porque soñar no es escapar: es pronunciar el deseo de existir más allá de los límites, es tender puentes sobre los abismos del miedo.
Un solo sueño puede encender al mundo. Puede volver ligera la tristeza, despeinar las sombras, devolver color al horizonte. Los sueños, cuando se creen de verdad, no conocen derrota: se transforman, se esconden, mutan... pero siempre encuentran la manera de renacer.
Y ahí, en ese renacer, habita el poder más profundo: el de transformar lo invisible en destino, lo imposible en paso firme, lo efímero en eternidad.
Sueño que el alma desvela,
vuelo sin fin ni frontera,
voz que enciende primavera
de una esperanza que anhela.
Cuando la fe se revela
rompe el muro del hastío,
y en su luz nace el rocío
de la noche más callada;
y una sombra queda anclada
en el cauce del estío.
Río que al tiempo resiste,
llevando sueños al mar,
la vida sabe soñar
cuando el amor la reviste.
El corazón no desiste,
se alza en cada alborada,
y en la marea encantada
va tejiendo su fortuna;
porque en la magia de una,
renace nueva jornada.
Sueña el alma en su arrebol,
tejiendo auroras sin dueño,
de cada sombra hace un sueño,
y del silencio, un farol.
Late en su canto el crisol
de lo eterno y lo sentido,
pues en lo que fue perdido
nace la luz más humana;
que en verso, voz soberana
vence el tiempo y el olvido.
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